Category: Charlas, Presentaciones


Juan Bautista Alberdi, polémico pero indagador crítico de nuestras instituciones, llegó a decir: “La soberanía del pueblo existe en Sudamérica como hecho y como principio en el sistema municipal que nos había dado España”.

Es que el tucumano, intelectualidad de formación histórico-jurídica, tenía conciencia de la importancia que habían cobrado los municipios en la historia de España como entidades contenedoras de la vocación libertaria y a la vez comunitaria del pueblo de la península.

El itinerario institucional del municipio había comenzado con la Constitución de Caracalla, emperador romano, cuando los gobiernos locales se organizaron a la manera romana, es decir, con autoridades representativas de la comunidad, mandatos periódicos, principios democráticos en la elección y responsabilidad funcional de los elegidos en cuanto a sus actos. Estas pautas, pese a la diferencia de siglos, habrían de repetirse más tarde en el extenso territorio colombino.

Si bien se encuentran inscriptos dentro de la tradición aragonesa, los cabildos fueron los continuadores en América del espíritu de los fueros castellanos, donde la ciudad celaba por sus propios derechos, aún frente a la pretensión de reyes y señores.

La institución que formó la personalidad de las naciones hispanoamericanas fue principalmente el cabildo, como sostiene Pascual Paesa; y, sin duda, en la formación de la nacionalidad argentina gravitaron con mayor fuerza que en ninguna otra nación americana. Esto se desprende de una consideración geopolítica basada en las ciudades del Tucumán y del Río dela Plata, aisladas de los centros de poder por enormes distancias y dificultosas comunicaciones. Esta situación concreta derivó en el fortalecimiento del regionalismo con toda su carga adhesiva respecto de la tierra que, como ámbito entrañable, sólo era concebida en cuanto aposento de la libertad.

Aquí debe buscarse el primer y mejor antecedente de la independencia americana.

Era la institución del cabildo – no ninguna otra circunstancia- la que confería jerarquía política a la ciudad, pues sólo después de constituirse ese cuerpo colegiado podía tenerse por concretada una fundación.

Eso es, precisamente, lo que hace don Jerónimo Luis de Cabrera el 6 de julio de 1573, cuando designa el primer cabildo, con Blas de Rosales y Hernán Mexía Miraval para que, como alcaldes, administrasen la real justicia.

Las funciones del cuerpo eran amplias y complejas, pues peticionaba a las autoridades, revocaba actos de gobierno, impartía justicia por medio de los alcaldes tenía a su cargo la policía, controlaba los precios de los artículos de primera necesidad, realizaba el reparto de la tierra pública, admitía nuevos vecinos, supervisaba la matanza de ganado y las pesas y medidas, asumía sobre si la responsabilidad de la caridad pública o el sostenimiento del hospital y escuelas, entre otras incumbencias de no menor importancia social. Estas actividades nos están diciendo de su gran similitud de funciones con el municipio actual.

En Córdoba, el cabildo, como institución propia de la ciudad, sobrevive a los cambios políticos de 1810 y 1816, desapareciendo recién en 1824 tras una decisión de Rivadavia,  efectivizada por una ley provincial en tiempos del gobernador Juan Bautista Bustos.

Avatares de las casas capitulares

            La historia edilicia del Cabildo de Córdoba comienza cuando los primeros alcaldes y regidores nombrados al establecerse la ciudad debían realizar sus sesiones en casa de alguno de ellos o en la del propio fundador.

Al trasladarse el emplazamiento de la ciudad, en 1577, fueron reservados los solares destinados para Casa del Ayuntamiento, ubicados frente ala Plaza Mayor.

Desde entonces transcurrieron muchos años con los solares baldíos y recién en 1588 fueron recolectadas las primeras maderas para la edificación. Para ello se destinaron multas que algunas personas estaban obligadas a pagar, a menudo mediante la entrega de puertas, vigas y otros materiales de construcción.

Mal que bien, las primeras salas capitulares fueron terminadas casi contiguas a la iglesia, sólo separadas por un estrecho pasaje, el mismo que todavía se conserva. Tenía paredes de adobe, techo de paja y sus puertas estaban sin refuerzos.

En 1606, los cabildantes decidieron construir otro edificio, el cual, además de contener a la sala de sesiones, contara también con celdas y otras dependencias.

Para encarar esta nueva construcción las autoridades determinaron que los vecinos de la ciudad cediesen sus indios y criados para que trabajaran en la obra, mandando que la madera necesaria se comprase con lo obtenido de una contribución impuesta al vino que se vendía al por menor.

Cabe señalar que el único albañil de la ciudad, Bernardo de León, ebrio y pendenciero, había incurrido en delitos de esa naturaleza, razón por la cual se hallaba en prisión. Esta circunstancia impedía la continuación de la obra, especialmente porque no había quién supiese hacer ladrillos y tejas. Esto llevó al procurador de la ciudad, don Juan Nieto, luego respetado escribano público y de cabildo, fundador de la estancia de Alta Gracia, a solicitar su libertad bajo fianza.

Antes de finalizar 1610 el Cabildo estaba terminado, contando con tres aposentos, una celda y dos habitaciones en planta baja y otra más en la alta.

Con el tiempo, la paja de los techos fue reemplazada por tejas y los muros de adobe dejaron paso a otros de ladrillo, calicanto y barro.

En 1649 se inició la construcción de otra celda, pero los años fueron arruinando las casas y calabozos, permitiendo en más de una oportunidad la fuga de los presos.

A fines del siglo XVII fue enviada una carta al rey solicitándose un remedio a la comprometida situación, en particular en lo referente a la cárcel pública. No obstante esta gestión, el Ayuntamiento reúne dineros mediante impuestos y suscripciones, de tal modo que el alcalde José Moyano Oscariz pudiese seguir con la construcción.

En 1784 llega a Córdoba el primer gobernador intendente, don Rafael Núñez, marqués de Sobre Monte, quien encuentra las casas todavía sin terminar. Ante esta situación, dispone que en la recova que existía en la parte baja se instalasen tiendas para la venta de vinos y especies. En 1786 encargó la continuidad de los trabajos al ingeniero militar Juan Manuel López, bajo cuya dirección se realizaron la escalera principal, una galería con 15 arcos y el resto de modificaciones que van a dar al edificio el definido carácter colonial, agregándose luego una capilla para que pudiesen asistir a misa los reclusos y condenados.

Una tipología particular

            El ingeniero López optó por una tipología no común en América para construir el Cabildo.

Casi todos nuestros cabildos tienen doble piso de arcadas, siguiendo las líneas de las casas capitulares del sur de España, mientras que el de Córdoba muestra una influencia de la región norte española, como en las provincias vascongadas, y consiste en una planta baja con arcadas formando recova y un piso alto que se adelanta, cubriendo el techo de la recova.

Hay un balcón concejil de gran desarrollo en el centro y balcones a cubillo, o sea, sin volar, a ambos lados.

En 1881 fue instalada una precaria torre-reloj, levantada durante la gobernación de doctor Miguel Juárez Celman y luego retirada ante el peligro de derrumbe.

En 1883 se terminó de colocar el revestimiento de mármol blanco de Carrara, que cubre una hornacina mandada a construir en 1698, la cual debería albergar a la imagen de San Jerónimo, patrono de la ciudad.

Sus destinos

            Esta noble casa fue con el correr del tiempo Ilustre Cabildo de de Justicia y Regimiento, cárcel pública, Casa de Justicia, Sala de Representantes, Legislatura, Casa de Gobierno, sede la intendencia municipal y por alrededor de cien años Jefatura de Policía dela Provincia. El traslado de las fuerzas policiales se produce en 1989, volviendo al municipio la plena posesión del inmueble.

En sus espacios, celosamente restaurados, bien pueden imaginarse figuras como las de Santiago de Liniers, José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan Gregorio de Las Heras, el deán Gregorio Funes, Juan Martín de Pueyrredón, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Juan Bautista Bustos, el general Paz y naturalmente el marqués de Sobre Monte, entre otras personalidades de nuestro pasado histórico.

En la actualidad, convertido en sede del Centro Cultural Cabildo, también contiene físicamente a otros institutos culturales de Córdoba, como el Museo de la Ciudad, la Editorial Municipal, La Librería de la Ciudad y el Centro de Información Turística. Sus salas dan cobijo a pluralidad de manifestaciones artísticas y culturales, especialmente durante la realización de la ya tradicional Feria del Libro de Córdoba. Además, como lugar de encuentro, posee un restaurante ambientado en sus dependencias y una cafetería.

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Una evidencia para vecinos y visitantes

            El edificio del Cabildo hace a la pedagogía de la ciudad desde una profundidad raigal, de manera tal que surge, a poco que se conozca su génesis y desarrollo, el proceso de estratificación histórica plasmado en una entidad visual respetuosamente jerarquizada, espacio receptivo capaz de incentivar la conciencia y estimular la actitud de pertenencia de los cordobeses.

Carlos A- Ighina

Investigador de la historia popular de Córdoba

Distinción Jerónimo Luis de Cabrera 2010

Llegado el año 2007 mantiene su recova intacta al igual que el balcón construido en 1786.

Un rebatimiento de mosaicos sobre el adoquinado reproduce las siluetas del Cabildo y de su vecina La Catedral de la cual se encuentra separada por el pintoresco callejón de Santa Catalina.

Es centro de exposición de objetos arqueológicos urbanos y obras de arte de las diversas corrientes plásticas. En él funciona el Museo dela Ciudad, con una muestra permanente de obras de arte y objetos de la vida cotidiana de la historia de Córdoba. También se desarrollan espectáculos de teatro, música, canto y danza.

Centro de información y atracción turística aún puede verse en él la antigua celda subterránea y visitar el salón Rojo donde el Intendente suele recibir a los visitantes ilustres.

Situado en la calle Independencia al 30, al costado dela Catedral, con frente a la plaza San Martín, fue declarado Monumento Histórico por Decreto nº 90.732 del 14 de mayo de 1941.

 

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  • Carlos Vigil (1968). Los Monumentos y lugares históricos de la Argentina. Editorial Atlántida.

El Cabildo de Córdoba, situado en la ciudad argentina del mismo nombre, es uno de los últimos de estilo clásico que quedan en la Argentina. Su construcción original data de principios del siglo XVII pero sufrió numerosas transformaciones de acuerdo a las necesidades de cada época, siendo la más importante la que se le realizó en la segunda mitad del siglo XVIII.

Desde su creación fue un importante centro de actividad cívica de la capital provincial: además de haber tenido durante la dominación española la actividad propia de un cabildo, fue también en distintas épocas cárcel, jefatura de policía, auditorio, centro de información turística y museo.

Los primeros alcaldes y regidores nombrados al establecerse la ciudad de Córdoba debieron efectuar sus sesiones en casa de algunos de ellos. Con el transcurso de los años empezaron a encarar seriamente la posibilidad de adquirir local propio. Los solares destinados para casas del Ayuntamiento en el plano de la ciudad se extendían frente ala Plaza Mayor (actual Plaza San Martín), pero no habían sido ocupados a pesar de haber transcurrido ya unos quince años desde entonces.

En 1588 se recolectaron las primeras maderas para la edificación. Como la ciudad carecía de fondos se pensó reunirlos procediendo a cobrar las multas que estaban condenadas a pagar algunas personas, parte de las cuales las hicieron en efectivo, y otras aportando puertas, vigas y demás materiales de construcción. Los cabildantes decidieron, en junio de 1589, rodear con cercos uno de los antedichos solares.

Pero por intervención del procurador de la ciudad, capitán Antonio de Alfaro, hubo una nueva dilación de las obras, debido a que este opinaba que eran de mayor urgencia la ermita de los santos Tiburcio y Valeriano, la tapia de la parroquia y la acequia pública. Finalmente, pasados unos años, el edificio mal que bien se terminó al lado de la iglesia parroquial. Tenía paredes de adobe, precario techo de paja, y sus puertas estaban sin refuerzo.

Seguramente este cabildo no fue muy sólido ni lo suficientemente amplio, por lo que en 1606 los cabildantes encararon la necesidad de hacer otro que debía contar, además de las salas de sesiones, con celdas y dependencias.

Para levantar el nuevo o modificar el anterior las autoridades decidieron que los vecinos de la ciudad entregarían sus indios y criados para que trabajasen en la obra, y que la madera necesaria se compraría con lo obtenido de una contribución impuesta al vino que se vendía al por menor.

Es curioso mencionar que el único albañil de la ciudad, llamado Bernardo de León, incurrió en un delito y fue puesto en prisión, motivo por el cual no pudieron proseguirse sus trabajos.

En marzo de 1607 se contrató a Alonso de Encinas para que dirigiese la obra por el término de un año, conviniendo en pagársele ochenta pesos. Un mes después se requirieron los servicios del carpintero Miguel de Bideaure, y se le dieron doscientos sesenta pesos, maderas y clavos, e indios para que le ayudasen.

Como el citado Bernardo de León seguía en presidio y no había otro que supiese cocer ladrillos y tejas, el procurador Juan Nieto propuso solicitar bajo fianza su libertad, lo que fue aceptado. Se lo contrató por ciento noventa pesos, pero dada su situación no podía trabajar con entera libertad. Como faltaban hacer algunas ventanas, puertas, una escalera, y enladrillar y blanquear unas habitaciones, además de que los techos no estaban listos, se resolvió pedir al teniente de gobernador, capitán Luis de Abreu de Albornoz, que le permitiera salir de la prisión, dejándolo circular por toda la ciudad. Para apresurar un poco la obra se contrató también a los carpinteros Juan y Gregorio de Acosta.

Antes de finalizar el año de 1610 el cabildo quedó terminado, constando de tres aposentos, una celda en la planta baja y dos habitaciones y una sala en la alta.

Con el transcurso del tiempo la paja que cubría los techos fue reemplazada por tejas musleras y los muros de adobe cedieron paso a los de ladrillo calicanto y barro. En 1649 se inició la edificación de otra celda, concluida cinco años más tarde.

Pero el tiempo iba arruinando las casas y los calabozos, lo que provocó en más de una oportunidad la fuga de presos.

No disponiendo de fondos para poner en condiciones el edificio, a fines del siglo XVII se envió una carta al rey, en que se solicitaba remedio a tan penosa situación, haciéndose además toda clase de gestiones para reparar la cárcel pública. Por fin se pudo reunir algún dinero mediante impuestos y suscripciones, y en 1733 se comenzó el viejo Ayuntamiento, corriendo con la obra el alcalde José Moyano Oscariz.

En 1784 llegó a la ciudad de Córdoba el primer gobernador intendente, don Rafael Núñez, marqués de Sobremonte. Para este entonces el Cabildo no estaba listo todavía, y una de sus preocupaciones fue darle término. Dispuso que en la recova de la planta baja se instalasen tiendas para la venta de telas, vinos y especias, por lo que se cerraron arcos y levantaron tabiques.

En 1786 encargó los trabajos al ingeniero militar Juan Manuel López, bajo cuya dirección se hicieron la escalera principal, una galería de quince arcos y las modificaciones que dieron al edificio su definido carácter colonial. Se agregó también una capilla para que pudiesen asistir a misa los recluidos y condenados, librándose años más tarde al público.

En septiembre de 1813 se reemplazó el estandarte español que se ubicaba en el balcón central por el primer escudo nacional.

Durante muchos años se lo utilizó para asiento de la jefatura de policía. Fue en el alas que da al Pasaje Santa Catalina, en donde funciono durante muchos anos el Departamento de Informaciones (DDI) de la Policía Provincialen donde numerosos detenidos fueron torturados y asesinados durante la época de la dictadura militar de 1976 a 1983 como parte de la denominada guerra sucia en Argentina. (Memoria y Resistencia de los presos políticos durante el terrorismo de estado en la Argentina. Wikipedia)

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En la Sala Alberto Pío Cognigni del Cabildo de la Ciudad, se realizó la conferencia de prensa del film Belgrano, que contó con la presencia de su director, Sebastián Pivotto y el actor principal, Pablo Rago.  Asi también los representantes de las instituciones Canal Encuentro, la Televisión Pública, Radio Nacional y la Municipalidad de Córdoba.

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Agrupación Vocal Femenina “Clave de Sol”

Dir. Sergio Ceballos

 

Coro de la Asociación Dante Alighieri

Dir Sergio Ceballos

 

Coro Municipal de Tanti

“Solar de Piedra”

Dir. Sergio Ceballos

 

Grupo Folclórico Italiano Giussepe Mazzini

Dir. Sergio Ceballos

 

Agrupación Vocal “De Colores” del Centro de Jubilados de Barrio Chateau Carreras

Dir. Sergio Ceballos

 

 

Patio Mayor del Cabildo de Córdoba

20 Hs

Entrada libre y gratuita

Sábado 11 de Diciembre

9 hs a 10:30 Hs

Mesa 9

Relatos de experiencias de talleristas Equipos de atención comunitaria de Villa Azalais, Bª Santa Isabel, Bº Pueyrredón, Bº Marquez de Sobremonte,Bº Urquiza.

Asociación Civil Abracadabra.

Talleres Artísticos comunitarios de Hospital Neuropsiquiatrico Privincial

Coordinan: Fernando Cuevas- Gilda Guzmán – Dra: Eugenia Giménez.

 

mesa 10

 10.30HS a 12 Hs

Relatos de experiencias de talleristas

Niños y Jóvenes

Servicio de Salud Mental del Hospital Pediátrico del Niño Jesús

Fundación de Padres ” Amor por la integración”

Coordina: Lic. Magdalena Arguello – Lic. Mónica Corona Martinez.

ProYecta diciembre

Siempre libre…siempre gratuito…y con aire acondicionado!

diciembre

Martes 14

19 hs.  Sala Cognini (planta alta del Cabildo Histórico)

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CRÍTICA por Diego Vázquez

A todas las abuelas del mundo

  Con esta declaración de amor finaliza Lee Jung-Hyang esta pequeña pieza neorrealista, este canto hermoso y valiente (tanto moral co-mo fílmicamente) a esas segundas madres, nunca lo suficientemente valoradas, que son las abuelas. A través de una pequeña historia iniciática sabe hacerse con la audiencia, convir-tiéndose en una de las cintas más bonitas de la temporada. De la extrema sensibilidad oriental para narrar los aspectos más comunes y las historias aparentemente más inanes de nuestra realidad, tenemos muestras sobradas en el cine de los últimos años y precisamente la semana pasada podíamos disfrutar del último trabajo de Zhang Yimou, de similar levedad a éste, aunque con un guión algo más trabajado. Una vez más vuelven a ser las cinematografías menos favorecidas económicamente las más preocupadas por ir más allá en el campo del cine de ficción, por preservar el valor didáctico del cine como instrumento de transmisión de la sabiduría popular para las nuevas generaciones, mientras que desde occidente ya sólo sabemos hacerlo acudiendo al formato documental.

 Los valores de “Sang Woo y su abuela” van mucho más allá de los de su evidente calidad fílmica y se adentran en el terreno del retrato social de un país, una cultura y una nueva generación de niños malcriados, egoístas y terriblemente vacíos, que las socie-dades modernas estamos lanzando al mundo como sustitutos de los habitantes actuales. Ante ese panorama, la directora de esta cinta decide colocar a un niño de ciudad, como el que hemos descrito arriba, en un entorno de alta montaña, prácticamente aislado con su anciana abuela muda. Su madre se encuentra en una situación en la que temporalmente no puede cuidar de él por lo que toma esa decisión, sin duda un brutal cambio para el niño, aunque finalmente sea para mejor. En ese entorno, cuando las incomodi-dades empiezan a afectar al pequeño (desde las puramente higiénicas o físicas a las más materiales y terribles para él como que se le terminen las pilas de su consola de videojuegos portátil), comenzará una lucha, en realidad a una sola banda (la abuela en ningún momento se enfrenta al niño o le reprende), por mantener sus principios y su terquedad ante una situación insostenible. De tanto chocar contra un muro de actitud positiva, las fieras más indomables acaban cediendo, por lo que no tardará en ir encontrando su lugar en ese entorno, sus amigos y sus amores, no sin antes habérsenos hecho para los espectadores bastante merecedor de una severa corrección.

  El desarrollo no es muy original y de hecho es una historia contada infinidad de veces, tanto sobre el papel como en una pantalla, pero su directora no apuesta por el camino de la sorpresa, sino por el más difícil de la identificación con la historia y de la reflexión ante un hecho tan conocido, que al final es como si no fuéramos capaces de verlo. La manera plácida y casi estática de contar la historia, nos sitúa casi desde el primer momento en el ritmo vital de la abuela, por lo que aunque la trama la vemos a través de los ojos del niño, la vivimos con el “tempo” de la abuela. De esta manera, el espectador entra también al mismo tiempo en un universo mucho más sosegado y lento que el suyo, en el que poco a poco las cosas comienzan a verse de otra manera. La película sirve así muy bien como terapia para el estrés o como recordatorio de que hay más maneras de ver la vida y de vivirla de las que se nos hacen más comunes en estos tiempos.

  La construcción en la pantalla del personaje de la abuela es sin duda lo más logrado del film, siendo desde el primer momento la estrella de la función. Quizá en ese exceso de concreción de la historia en su figura (sin que sepamos casi nada de los demás personajes, que ofician de flojos comparsas) y en su, en algunos momentos, excesiva sutileza en el tono, se encuentre el secreto de que el film acabe sabiendo a poco. Que convenza, que guste y que le cojas cariño, pero que en el fondo se termine con la sensación de que se podría haber ido más allá, tanto en la mirada de su directora sobre la historia como en ésta misma. Eso no le impide convertirse en uno de los más agradables momentos de cine del año y ser también una cita muy recomendable para todos los públicos.

contactocineproyecta@gmail.com

Viernes 5 de noviembre, 19 hs. Sala Cognigni.

 

“La Leyenda de la Nahuala”

de Ricardo Arnaiz. México. 2007.

 

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Este film de animación Leo San Juan, un inseguro niño de nueve años de edad, vive eternamente asustado por las historias de terror que le cuenta Nando, su hermano mayor. Dentro de estas historias está La Leyenda de la Nahuala, según la cual, una vieja Casona abandonada se encuentra poseída por el espíritu de una malvada bruja conocida como la Nahuala, quien está esperando el alma de un niño inocente para resucitar y obtener poder absoluto. La Leyenda se vuelve realidad cuando el espíritu de la Nahuala secuestra a Nando ante los ojos de Leo.

ProYecta Cabildo, es un espacio de encuentro audiovisual. Espacio Libre y Gratuito donde el encuentro se celebra, se transforma en aprendizaje mutuo, y ese compartir experiencias se convierte en ese espacio esperado, anhelado.

Durante el mes de octubre, ProYecta en conjunto con UCIC, Circula Cultura, con cada Colectividad y Fundación El Ágora, puso en pantalla el ciclo denominado “Las Colectividades y su Cine”, dentro del marco de la Muestra “Huellas, las Colectividades en el Bicentenario”, con el espíritu de representar el “ser” de cada país representado en la Pantalla. Pasaron Cuba, Brasil, Italia, Perú, Paraguay, Japón, Armenia, España, Bolivia, Polonia y China, y con ellos Vittorio de Sicca, Akira Kurosawa, Atom Egoyan, Carlos Saura, Andrezj Wajda, Guan Hu, Joel Zito Araujo, Paz Encina, Toshifume Matsushita, entre otros.

Con el afán de seguir la huella que estamos trazando, a partir del martes 02 de Noviembre, “Día de los Muertos”, ProYecta Cabildo, Puerta Roja, Centro Cultural Cabildo y el Consulado de México en Córdoba, inaugura la Muestra-Ambientación Interactiva alusiva, con  altar dedicado a José Guadalupe Posada.

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“Tan grande como Goya, Posada fue un creador de una riqueza inagotable. Ninguno lo imitará; ninguno lo definirá. Su obra es la obra de arte por excelencia”. Diego Rivera

Aquí va una muestra de lo que ProYecta ha preparado para este mes de noviembre. Los esperamos el martes  2 de noviembre, a las 19 hs, Sala Cognigni, planta alta del Cabildo Histórico. Con entrada Libre y gratuita, siempre.