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diciembre

Martes 14

19 hs.  Sala Cognini (planta alta del Cabildo Histórico)

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CRÍTICA por Diego Vázquez

A todas las abuelas del mundo

  Con esta declaración de amor finaliza Lee Jung-Hyang esta pequeña pieza neorrealista, este canto hermoso y valiente (tanto moral co-mo fílmicamente) a esas segundas madres, nunca lo suficientemente valoradas, que son las abuelas. A través de una pequeña historia iniciática sabe hacerse con la audiencia, convir-tiéndose en una de las cintas más bonitas de la temporada. De la extrema sensibilidad oriental para narrar los aspectos más comunes y las historias aparentemente más inanes de nuestra realidad, tenemos muestras sobradas en el cine de los últimos años y precisamente la semana pasada podíamos disfrutar del último trabajo de Zhang Yimou, de similar levedad a éste, aunque con un guión algo más trabajado. Una vez más vuelven a ser las cinematografías menos favorecidas económicamente las más preocupadas por ir más allá en el campo del cine de ficción, por preservar el valor didáctico del cine como instrumento de transmisión de la sabiduría popular para las nuevas generaciones, mientras que desde occidente ya sólo sabemos hacerlo acudiendo al formato documental.

 Los valores de “Sang Woo y su abuela” van mucho más allá de los de su evidente calidad fílmica y se adentran en el terreno del retrato social de un país, una cultura y una nueva generación de niños malcriados, egoístas y terriblemente vacíos, que las socie-dades modernas estamos lanzando al mundo como sustitutos de los habitantes actuales. Ante ese panorama, la directora de esta cinta decide colocar a un niño de ciudad, como el que hemos descrito arriba, en un entorno de alta montaña, prácticamente aislado con su anciana abuela muda. Su madre se encuentra en una situación en la que temporalmente no puede cuidar de él por lo que toma esa decisión, sin duda un brutal cambio para el niño, aunque finalmente sea para mejor. En ese entorno, cuando las incomodi-dades empiezan a afectar al pequeño (desde las puramente higiénicas o físicas a las más materiales y terribles para él como que se le terminen las pilas de su consola de videojuegos portátil), comenzará una lucha, en realidad a una sola banda (la abuela en ningún momento se enfrenta al niño o le reprende), por mantener sus principios y su terquedad ante una situación insostenible. De tanto chocar contra un muro de actitud positiva, las fieras más indomables acaban cediendo, por lo que no tardará en ir encontrando su lugar en ese entorno, sus amigos y sus amores, no sin antes habérsenos hecho para los espectadores bastante merecedor de una severa corrección.

  El desarrollo no es muy original y de hecho es una historia contada infinidad de veces, tanto sobre el papel como en una pantalla, pero su directora no apuesta por el camino de la sorpresa, sino por el más difícil de la identificación con la historia y de la reflexión ante un hecho tan conocido, que al final es como si no fuéramos capaces de verlo. La manera plácida y casi estática de contar la historia, nos sitúa casi desde el primer momento en el ritmo vital de la abuela, por lo que aunque la trama la vemos a través de los ojos del niño, la vivimos con el “tempo” de la abuela. De esta manera, el espectador entra también al mismo tiempo en un universo mucho más sosegado y lento que el suyo, en el que poco a poco las cosas comienzan a verse de otra manera. La película sirve así muy bien como terapia para el estrés o como recordatorio de que hay más maneras de ver la vida y de vivirla de las que se nos hacen más comunes en estos tiempos.

  La construcción en la pantalla del personaje de la abuela es sin duda lo más logrado del film, siendo desde el primer momento la estrella de la función. Quizá en ese exceso de concreción de la historia en su figura (sin que sepamos casi nada de los demás personajes, que ofician de flojos comparsas) y en su, en algunos momentos, excesiva sutileza en el tono, se encuentre el secreto de que el film acabe sabiendo a poco. Que convenza, que guste y que le cojas cariño, pero que en el fondo se termine con la sensación de que se podría haber ido más allá, tanto en la mirada de su directora sobre la historia como en ésta misma. Eso no le impide convertirse en uno de los más agradables momentos de cine del año y ser también una cita muy recomendable para todos los públicos.

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